
Hace tiempo, mucho tiempo, me
encontraba
bajo un cielo de
tormenta, acariciado por los inquietos aires de la montaña,
dejándome llevar
por la paz del cementerio de Santa Cilia. Al fondo, el Pirineo. Encima,
la
amenaza de lluvia. Fue entonces cuando vi la imagen que serviría
de cierre a mi
primera novela, esa venganza absurda consumada, ese dolor sublimado.
Fue uno de
esos momentos de inspiración que hacen creer en el oficio de
cuentista.
La
escena
quedaría grabada
en mi mente, y así empecé a
escribir de un modo más serio: las eternas series inconclusas
con las que me
había estado ejercitando dieron paso a este único
proyecto, el cual terminé con
la obstinación propia de mi tierra. Lo bauticé
“Manto de
miseria” (título más
propio de un documental sobre el hambre, como diría el Gea, que
de una historia
épica).
La novela en
sí no
es un gran obra, ni siquiera es muy
literaria en el sentido de no tener un fondo “profesional”
detrás –mi hermana
descubriría horrorizada que la escribí de tirón y
sin una sola anotación, lo
que causó divertidos despistes en su primera versión:
personajes muertos que
volvían a aparecer sin motivo, espadas duplicadas y otros fallos
garrafales-,
pero me sirvió de llave para adentrarme, ya definitivamente, en
el laberinto
del Minotauro.
Como cabe suponer, no
gané con ella el Planeta, como creo
que hemos soñado todos los escritores noveles, pero sí
que fue seleccionada, ya
la primera vez que probé fortuna, para abrir la colección
de fantasía de una
editorial: Premura. En aquellos tiempos no se dedicaban ni a la
autoedición ni
a los cursos literarios, sino a la publicación digital, una
iniciativa que,
como muchos otros sueños, terminó disipada por la
implacable realidad. Eran
otros tiempos en Internet.
Los
premuranos
la
rebautizaron
“Cain
encadenado”
–sin tilde,
porque el nombre del protagonista era así- y, aunque ninguno nos
hicimos rico
ni famoso con el proyecto, este sí que consiguió
que Juan Manuel Larumbe haya
quedado en un puesto de honor dentro de mi imaginario particular;
después de
todo, fue el primer editor que mostró interés por mi
obra, aunque fuera la
primera.
D
urante
un tiempo
pensé en publicarla con alguna editorial
tradicional, pero no creí conveniente enviarla a concursos –pues
no era
inédita, al menos según mi orgullo-. Incluso me
planteé publicarla yo mismo.
Tenía, además de muchas ganas, un interesante
diseño de cubierta realizado por
Vidal Pueyo Martín que sustituiría al
pin-up de la
Libertad guiando al pueblo
que los
premuranos le
dieron
como portada.
Al final –quizá ese fuera su destino
después de todo- ha
vuelto a la web. Con el título de
“Tormenta
eterna en Kios” la
tengo colgada en
OcioZero.com
(como en su día lo estuvo en la extinta OcioJoven).
Fue, sin
duda, un placer desenterrarla, y un privilegio
haber
contado con lectores que me han ayudado a ver sus fallos y a crecer
como
escritor. Y, cómo no, a retomar ese sueño de la
literatura con renovado
entusiasmo.
Para
todos
ellos,
ahí queda, abierta para el que tenga
paciencia de leerse tus doce campanadas…
Tormenta eterna en
Kios
Nota
del 2008.- Estas navidades, he decidido darme el capricho
de ver
en papel "Cain Encadenado". Varios motivos me han llevado a publicarlo
en
Bubok, entre los que se cuentan la curiosidad por ver cómo
funciona este sistema, las palabras de aliento de algunos lectores a
los que les gustó esta novela primeriza y, por qué no
decirlo, cierta nostalgia. Si alguno tiene interés, o prefiere
leerse el libro en papel, podéis acceder al mismo en el
siguiente enlace:
http://www.bubok.com/libros/5552/Cain-Encadenado
Podréis descargar gratuitamente el libro en pdf también
ya recopilado, así como disfrutar del interesante prólogo
que Álvaro Prada nos ha brindado amablemente.