
Soizik
es una gran apasionada del folclore y la mitología, sobre todo si
tienen un componente siniestro. No es de extrañar, por lo tanto, que en
seguida tuviéramos tema de conversación cuando nos conocimos en
Normandía. Tampoco me sorprendió demasiado cuando me confesó, al saber
que había publicado algunas cosas, que ella también escribía. Sí que lo
hizo, por el contrario, la temática de la novela en la que estaba
trabajando: una historia de vampiros ambientada en el Pirineo. Soizik,
aunque no lo aparenta, tiene raíces españolas.
El planteamiento de la misma me trajo a la memoria,
de inmediato, un libro que hacía años me había regalado mi buen amigo
Álvaro Lázaro Alsina:
Seres míticos y personajes fantásticos españoles,
de Manuel Martín Sánchez. Creo que en él Soizik encontró los últimos
detalles que necesitaba para completar el puzle que tenía en la cabeza.
Al menos, así me lo dio a entender cuando me mandó, meses después, la
primera versión de
Cazador de striges.
A partir de aquel email, no dejamos de escribirnos durante
semanas. Había muchas ideas en el aire y, cómo no, me atraía
sobremanera trabajar con una historia que se ambientaba en mi tierra.
Soizik, además, se mostraba muy receptiva en cuanto a determinados
detalles, e incluso incluyó algunos en la versión definitiva del libro,
como el juego de palabras de Chelo (diminutivo de Consuelo y, al mismo
tiempo, hielo en lengua aragonesa).
Plasmar esta
historia en mi lengua materna se convirtió casi en una deuda de honor.
A veces, parece que nuestro folclore, solo por ser más cercano, es más
banal. Creo que esta novela pone de manifiesto que no, que puede ser
tan apasionante una suggina altoaragonesa como un strigoi de los
Cárpatos. A mí, al menos, así me lo pareció.
La experiencia, de por sí, hubiera sido suficiente. Pero aún quedaban más sorpresas por llegar.
Darío Vilas, el editor gracias a las cual
La casa de las sombras
vio la luz en DH Ediciones en año pasado, me confió que estaba
preparando una colección de novelas pulp para publicar en su sello
editorial. De inmediato, le hablé de
Cazador de striges y aceptó leer el manuscrito.
El proyecto pasó por momentos de gran incertidumbre con el cierre de DH
Ediciones, pero Darío es una persona perseverante y creativa y, además,
tuvo la fortuna de juntarse con otro equipo de iguales características:
el de 23 Escalones. Mónica Plasencia, la editora de este sello, llevaba
en mente un proyecto similar y, aunando fuerzas, han conseguido hacerlo
realidad. Y, de paso, han cumplido los sueños de unas cuantas personas
más (entre las que me cuento).
La colección
Pulp Ficción es una realidad y, entre los primeros títulos anunciados (entre los que se cuenta, además,
Revividos, una novela del mítico
Ralph Barby) se encuentra
Cazador de Striges.
Ahora solo queda disfrutarla. Francamente, para mí es un gran honor
haber podido aportar algo a toda esta aventura, aunque sea algo tan
modesto. Desde aquí mi agradecimiento a todos los que habéis contado
conmigo. Espero no decepcionaros.
Nota.- Por cierto, otra casualidad más: la portada es obra de
Carlos NCT, quien justo este mismo año se ha encargado de la ilustración de cubierta de mi novela
Adraga.