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Este libro fue una interesante experiencia hispano francesa desarrollada con el grupo creativo Cambium.
La
historia nos adentra en el onírico mundo de un
cementerio a medianoche a través de los ojos de un niño,
ambiente perfectamente
retratado por las ilustraciones en blanco y negro de Jean Gilbert
Capietto. En
una simbiosis perfecta entre texto e imagen, la narración nos
sumergirá en el
ambiente soñado por el niño, un sueño en el que
tanto palabras como
ilustraciones nos llevan de la mano, no limitándose estas
últimas a retratar el
texto, sino convirtiéndose a su vez en narradoras a
través del diseño de Vidal
Pueyo Martín.
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La historia se presenta bajo un esquema clásico de cuentos de hadas, fábulas y leyendas: el niño desobedece a sus padres y resulta castigado por los propios hechos derivados de su “mala acción”. Sin embargo, a diferencia de los cuentos tradicionales, el niño no encontrará en su cruel destino recompensa alguna a cambio de su buena voluntad tardía. Al contrario, seguiremos su destino paso a paso a través de un ambiente fantasmagórico en el que conviven la vida y la muerte. De niño, el propio autor, soñaba entrar por la noche en el cementerio de su pueblecito en los Pirineos. Nunca supo aquel niño qué podría haber pasado… Así, retomando esta fascinación infantil, nos conduce a través de ese mundo prohibido mil noches soñado. La noche, la luna y el cementerio, elementos clásicos de las historias de terror, se ven unidos en esta historia por un vínculo muy profundo que poco a poco se desvela. Enfrentado a esta historia, Jean Gilbert Capietto, el ilustrador, asumió el reto de recrear el ambiente fantasmagórico y surrealista de la noche, del bosque y del cementerio, y de traducir visualmente las sensaciones experimentadas por el propio niño encarado con su muerte. El tono poético de la narración, la bella historia de amor tejida entre el niño y la luna, nutrida de espanto y atracción recíprocas, permite abordar el complejo asunto de la muerte. El cementerio imaginado por el autor, sobre el que gravita todo el relato, termina siendo el fruto de los recuerdos de un niño español y las sesiones de dibujo en el conocido cementerio de Père Lachaise. |
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