La
casa de las sombras es una
novela de terror y acción en la que revisitamos el mito del
monstruo. Cuando Mary Shelley publicó su Frankenstein, o El
moderno Prometeo en 1818 sentó las bases -bebiendo de
clásicos
como Paraíso
perdido, de Milton- de un nuevo tipo de
antagonista, uno que no era simplemente un obstáculo, o un ente
que
condensa el mal en detrimento de los "héroes" -término
que ha acabado desterrándose por "protagonistas" en
nuestro idioma-, sino una criatura con una psicología completa y
que
puede ser tan fascinante, o más, que el resto del reparto.
Sin duda, este tratamiento ha marcado
la concepción de la literatura moderna de terror y tuvo gran
peso en
las etapas finales de la literatura gótica hasta llegar a Edgar
Allan Poe y su consiguiente renovación del género. No
obstante,
quizás por mantener precisamente la dualidad del antagonismo,
muchas
veces se ha olvidado que la gran revolución no fue dotar de
psicología y complejidad al monstruo, sino de ser capaz de
enfocar
la historia a través de sus ojos, aunque fuera veladamente
(recordemos que estamos a principios del siglo XIX, y la sensibilidad
lectora era muy distinta).
En La casa de
las sombras
he pretendido, en cierto modo, volver a ese punto de partida, y
narrar una historia desde el interior de una comunidad de monstruos,
sin más. Se trata también de un modesto homenaje, aunque
con un
enfoque menos lírico, de la fascinante De las cenizas
volverás, de Ray Bradbury.
El germen de esta historia,
en cualquier caso, no está en ninguna de mis lecturas, sino en
una
experiencia directa. Cuando apenas comenzaba a caminar, antes
aún de
que empezase a hablar, a mi hijo Côme le encantaba trastear en un
cuarto lleno de zarrios, en casa de mis suegros. En dicha
habitación,
entre cachivaches de lo más variopinto, como bustos, cuadros
antiguos o
incluso un piano, había un espejo de cuerpo entero que le
fascinaba.
Desde la mesa donde trabajaba podía verle reírse y hacer
gestos al habitante del otro lado
del
espejo, otro chiquillo con el que, sin duda, hubiera
querido jugar. En aquella llamada imposible se mezclaba para mí,
casual
observador, un terror atávico y una gran dosis de ternura. Al
mismo
tiempo, me resultaba muy evocador el modo en el que la lógica,
como
pasa a menudo con los espejos, se había astillado. La portada de
Darío Vilas para la
edición en papel capta este momento, lo que me inclina a pensar
que es
fácil (o al menos posible) ver su relevancia en la historia, ya
que ni
siquiera habíamos hablado del tema.
El libro debe mucho también a Agustín Luzárraga
(Agutxi), quien creó el concepto del Libro de las faltas en el
microrrelato homónimo, una breve delicia que nos brindó
en El Reto, un
ejercicio del taller de literatura de la desaparecida OcioJoven. Aunque
mi interpretación del mismo es bastante libre, sin duda es
deudora de
todo lo que se sugería en aquella narración.
En la novela, a pesar de su brevedad,
hay numerosas referencias al imaginario personal que, a lo largo de
estos años, he ido desarrollando con lecturas, contacto con
otros
autores, incursiones a la realidad y muchas horas de
ensoñación al otro
lado del espejo. Eso sí, creo que es mejor disfrutarlas sin
más, dentro
del marco del propio texto, por lo que no me extenderé en esta
presentación. Ahí quedan para los que os atreváis
a adentraros en las
tinieblas de este vetusto caserón.
Reseñas y opiniones de la crítica sobre La casa de
las
sombras:
"Hay novelas diferentes, novelas que marcan un rumbo propio fuera de la
línea trazada del terror contemporáneo, del terror con
acento español. "La casa de las sombras" es una de ellas."
"Un libro original e intenso que gustará a los que busquen
nuevas sensaciones, a los que quieren experimentar sabores nunca
probados. Ese es su principal valor: la innovación que supone,
pero lo más sorprendente es que lo hace partiendo de esquemas
conocidos, aunque completamente distorsionados. Es un juego de espejos
deformantes en el que nada es lo que parece."
"La
Casa de las Sombras crea un universo singular dentro de su propia
idiosincrasia, perdura en la memoria porque genera un mundo
perfectamente reconocible. Uno de monstruos, brujas y magos, espejos,
niños y dientes afilados de alimaña."
"A lo largo de sus páginas, el lector casi puede rozar el limo
resbaladizo bajo sus pies, percibir el frío calándosele
el los huesos y oler el aire enrarecido en las estancias de esa
mansión de historia incierta, cuyos misterios no acaban de ser
revelados del todo hasta las últimas páginas."
"Con una prosa realmente magnífica, Juan Ángel recrea un
ambiente totalmente sobrecogedor, espeluznante, que en ocasiones
recuerda a las novelas góticas (ese caserón
tétrico y de extensión ilimitada, incluso podría
decirse que laberíntico, esas pasiones desatadas entre los
distintos personajes) y en otras nos conduce a caminos inexplicables de
la razón: lo inefable."
"“La casa de las sombras” es una novela —cortita, eso sí, para
mi pesar— excepcional, bellamente escrita, intrigante y, en ocasiones,
hasta desasosegante, y en ella, el autor ha conseguido crear un
aterrador mundo de incertidumbres e inquietudes, de venganzas
postergadas y casas enloquecidas, de monstruos y malvados, que consigue
atrapar al lector de una forma insoslayable."
"Esta no es una novela de las que se cuentan sino de las que se
sienten.La trama nos pasea por las distintas estancias de una
mansión antigua y desasosegante, habitada por seres
extraños, caleidoscópicos, cambiantes."
"Y aunque pueda parecerlo en un principio, La casa de las sombras
no es un libro sencillo. En todo momento hay que poner de nuestra parte
para no perdernos en los intricados caminos por los que nos conduce el
autor, para no dejar de un lado la lectura de esta obra que nos produce
un miedo tremendo cuando nos encontramos con ratas sin ojos o enormes
bestias que nos impiden movernos libremente."
"En
resumidas cuentas, hablamos de una novela gótica, muy cuidada,
donde se
mima el lenguaje, y la atmósfera tiene un papel muy importante,
hasta
el punto de que está tan integrada en la historia que en
ocasiones la
solapa y llama casi más la atención ésta que la
historia en sí misma."
"Queda
claro que, pese a mi escepticismo inicial, he disfrutado con esta
lectura impactante y es evidente también ante qué tipo de
novela estamos. Por tanto, recomiendo "La casa de las sombras"a
aquellos lectores que disfruten con el terror de calidad y no teman
arriesgarse a morir en el intento. "