Acércate,
acércate muchacho. Se te ve
con hambre. Y esta sopa está bien caliente y es bien barata,
sí.
Apenas dos peniques por un buen plato, como debe ser, como era antes.
¿Qué? Es una sopa de sapos, por
supuesto. Una rica sopa de sapos como las que ya no se preparan.
Pruébala, sí, prueba una cucharada.
¿Lo notas? ¿Notas ese
escalofrío?
Es como comienza todo, con un escalofrío inesperado en un lugar
caldeado. Sí. Es como debe comenzar una buena sopa. Esta sopa no
calentará tus huesos, sino que los helará, te lo tengo
que
advertir.
Es una receta especial, sí. Cada
sorbo está cocinado de una forma distinta. Están
preparados para
que los tomes en el orden que ves, pero puedes no hacerlo así,
bajo
tu entera responsabilidad, sí. Sea como sea, no te vas a
arrepentir,
van a ser los dos peniques mejor gastados de tu vida, muchacho...
Pocos han podido probar esta sopa.
De hecho... De hecho, a cambio de un
plato te regalaré la historia de esta sopa, ¿sí?
Te contaré sus
ingredientes, te hablaré de sus cocineros, te mostraré
sus
entresijos. ¿Hacemos un trato?
Está bien, trato hecho.
Pero bebe, bebe. Sí. Bébete toda la
sopa y luego te contaré los secretos que guardo...
Sopa de sapos
es uno de los proyectos más reconfortantes en los que me he
embarcado
en los últimos tiempos. Del mismo modo que me ocurrió con
El desván de los cuervos solitarios,
surgió un nombre que me martilleaba en la cabeza exigiendo un
proyecto.
En esta ocasión yo era, no obstante, perro -o cuervo- viejo: en
vez de
pretender crear un grupo literario que le diera marco decidí
conducir
la antología con mis propias reglas. Así, el
planteamiento fue claro
desde el comienzo: cada uno de los integrantes propondría un
ingrediente para la sopa y escribiría un relato coherente con el
resto
en el que dichos ingredientes tuvieran su peso. Así, a los sapos
de mi
cosecha se fueron uniendo una inquietante melodía, la sempiterna
niebla, los problemas con los aparatos electrónicos y un breve
etcétera
hasta completar los siete rasgos que forman la columna vertebral de
esta antología.
Estos rasgos vinieron de la mano
de una serie de autores con los que tenía ganas de trabajar
desde hacía
tiempo, nuevos talentos que había cruzado en proyectos
peregrinos como
el Calabazas en el Trastero e incorporaciones de última hora que
se
revelaron felices descubrimientos:
Enrique
Luque De Gregorio, David García Ramírez, Andrés
Díaz Hidalgo, Juan José Hidalgo Díaz, Sergio
Macías y
Virginia de la
Puente. Completando el círculo,
Carlos Díaz Asenjo se
encargó de la impresionante portada.
Trabajar con este variopinto equipo fue un placer inesperado y
enriquecedor, y el resultado, algo más allá de mis
expectativas: una
antología tan sólida que consiguió llamar la
atención de unos cuantos
editores. Al final, decidimos fichar por DH Ediciones para este
proyecto y el libro se integró en la colección
Último Escalón, una
decisión feliz que puso el broche de oro con una edición
sin duda
impactante y muy acorde al espíritu que habíamos forjado.
A día de hoy, el señor Bufforson amenaza con volver a las
andadas, como
hacen los personajes que se niegan a quedar encerrados en las
páginas
de un único libro. Veremos qué nos depara el futuro.
Reseñas y comentarios de la crítica:
"
Sopa de sapos es una obra que trata el miedo de un modo
soslayado o indirecto, sirviéndose, para ello, de un buen
número de clichés clásicos que todos nosotros,
aficionados al género de terror y misterio, llevamos insertos en
nuestro ADN cultural. "
"Me ha sorprendido la capacidad que han tenido los autores para hacer
algo tan redondo, para reutilizar una y otra vez los mismos elementos
dándoles cada uno de ellos una nueva lectura, haciéndonos
ver cosas distintas que, sin embargo, se complementan, dándole
al libro una unidad que no he visto en otros libros de relatos."
"En definitiva, un buen comienzo para este grupo de autores, así
como para la prometedora editorial que lo ha hecho posible."